El Mundial tiene este domingo una cita con sabor a Riazor, aunque sea por la puerta de atrás. En la madrugada del domingo al lunes (00:00 hora española), Uruguay y Cabo Verde se juegan buena parte de sus opciones en el Grupo H en el Hard Rock Stadium de Miami. Y en bandos opuestos estarán dos futbolistas que, en momentos muy distintos de sus carreras, pasaron por el Deportivo: Fede Valverde y Stopira. Dos caminos que arrancaron muy lejos el uno del otro y que el fútbol vuelve a cruzar en el escaparate más grande.
Valverde, del préstamo en A Coruña a estrella mundial
El uruguayo aterrizó en Riazor cedido por el Real Madrid en la temporada 2017-18, con apenas 19 años y en una campaña difícil para el club. No fue un paso brillante -se movió entre la titularidad y el banquillo bajo varios entrenadores-, pero le sirvió de rodaje en el fútbol profesional español. Ocho años después, se ha convertido en uno de los indiscutibles del Real Madrid y de su selección. En el debut mundialista de Uruguay, el empate 1-1 ante Arabia Saudí, fue elegido el mejor del partido. Bielsa apoya en él buena parte del juego de una Celeste obligada a ganar tras dejarse puntos en la primera jornada.
Stopira, el veterano que cumple su sueño a los 37
Al otro lado estará Ianique dos Santos Tavares, conocido como Stopira, capitán del Torreense de la Segunda portuguesa y uno de los nombres más experimentados del vestuario caboverdiano. Su carrera, cercana a las dos décadas, incluyó una breve etapa en el Fabril antes de forjarse una trayectoria larga en Portugal y, sobre todo, en Hungría, donde se convirtió en leyenda del Fehérvár. A sus 37 años disputa el primer Mundial de la historia de Cabo Verde, una selección debutante que ya dio la sorpresa al empatar sin goles con España. Su papel suele ser el de veterano de rotación, por lo que habrá que ver si parte de inicio o entra desde el banquillo, pero su sola presencia en la lista es una historia en sí misma.
Dos pasados blanquiazules, un mismo torneo
Por A Coruña han pasado futbolistas que años después se reencuentran en los lugares más inesperados: uno como gran figura del torneo, el otro como símbolo de perseverancia. Para el deportivismo, seguir el Uruguay-Cabo Verde tiene este domingo un aliciente extra que pocos rivales del grupo pueden ofrecer.
