Símbolo de la España vaciada y olvidada, con su reivindicativo Teruel existe, la ciudad y provincia aragonesa se puso en el mapa y se colocó incluso en el Parlamento nacional. Aquella forma de obtener visibilidad surgida hace unos años tiene ahora réplica en el fútbol, en el que el CD Teruel está saboreando las mejores mieles de siempre.
Porque a lo largo de sus 70 años de historia, el club turolense tan solo había militado 8 campañas en Segunda B. La categoría de bronce, que no pisaba desde hacía un lustro, era su cota más alta… hasta la fecha, cuando el regreso al tercer escalón del fútbol patrio le ha otorgado la posibilidad de competir en una liga más potente que aquella vieja Segunda B de 80 equipos.
Teruel existe y el Teruel existe, aunque durante un largo tramo de competición pareció ser un convidado de piedra en esta liga. Pero todo eso cambió a raíz del relevo en el banquillo. El club tuvo que tomar la dura decisión de prescindir de Víctor Bravo, un técnico que ya era historia del club, pues en cuatro años había sido capaz de lograr dos ascensos y colocar a la entidad en la categoría más competitiva de toda su historia. Sin embargo, 7 empates, 6 derrotas y 0 victorias eran un balance demasiado duro como para andarse con sentimentalismos y el CD Teruel apostó por despedirlo y contratar en su lugar a otro joven preparador como es Raúl Jardiel.
El cambio pareció no surgir efecto, pues en los seis primeros partidos del nuevo míster, el Teruel siguió sin reaccionar del todo. El cuadro turolense completaba así toda una vuelta sin ganar. En el ecuador de la competición era colista con 12 puntos, a 9 de la permanencia y único equipo con 0 victorias en su casillero. Todo parecía ya perdido pero, entonces, con el inicio de la segunda vuelta, llegó el primer triunfo. A ese le siguieron cuatro empates consecutivos que, unidos a los tres anteriores, hacían que el Teruel llegase a mediados de febrero con 8 partidos seguidos sin conocer la derrota.
Entonces llegó la derrota ante el Lugo en Pinilla (1-2), preludio de tres triunfos seguidos en el Nou Stadi ante el Nàstic (0-2), frente al Rayo (1-0) y en Logroño (0-2) que devolvieron la fe al conjunto aragonés. De desahuciado a verse cerca de la permanencia después de enlazar cinco puntos de 9 posibles tras caer 2-4 contra el Barça Atlètic, en la segunda y última derrota del equipo en la segunda vuelta. Ambas en casa, sí. Pero únicas en la serie de los últimos 15 duelos.
El Teruel compite, es evidente. Mejor fuera que en su hogar, como demuestra el hecho de ser el peor local. Pero compite. Y lo hace desde haber pasado de ser un conjunto que encajaba poco y anotaba menos a un bloque muy agresivo con y sin balón. El 0-0, muy habitual en sus encuentros durante la primera vuelta, no se repite para el Teruel desde el 3 de febrero ante el Tarazona. Ya no es aquel Teruel de la primera vuelta que igualó 0-0 en Riazor a pesar de jugar gran parte del encuentro con uno más.
Un Teruel diferente y más ofensivo
No lo ha hecho porque el cuadro turolense es un equipo que expone. Aunque como comentó Idiakez en rueda de prensa el rival de hoy para el Dépor (20:00 horas) es un conjunto capaz de variar su método de presión, suele ir arriba a buscar al rival y es muy agresivo tras pérdida. A eso se le suma su tendencia al juego directo con pelota. El Teruel no duda en iniciar en largo. De hecho, lo más habitual es ver a su meta Taliby Konaté golpear directo, en busca de las disputas. Y cuando combina, es para acelerar.
Bajo una estructura de 4-2-3-1 que se ha impuesto no solo en forma sino en nombres, la escuadra de Jardiel apuesta por la verticalidad. El balón pasa poco tiempo por el doble pivote Castillo-Tena y el juego interior con el mediapunta Borja Romero es escaso. Sí aparecen los apoyos, pero para progresar rápido y buscar las acciones por las bandas, desde donde llega el verdadero peligro del Teruel.
Ahí, en los costados, sobresale el talento de un equipo que no anda sobrado de eso. Lo hace con el zurdo Aparicio a pie cambiado y el también izquierdo Borja Martínez a pie natural. Uno para aparecer más entre líneas y sacar el peligroso balón parado del equipo. El otro, para desbordar y también llegar a gol. Por algo es el máximo artillero del equipo, con 7 dianas.
A ellos se le suman unos laterales que se proyectan con facilidad. Especialmente el exracinguista Aitor Pascual, que en Teruel ha vuelto a recuperar el nivel que apuntaba para terminar de servir balones al área. Un área que el Teruel carga con mucha llegada de segunda línea y la referencia de Guillem Naranjo, llegado del Sabadell para, de momento, ofrecer más cosas al juego que goles.
Así, esa capacidad para ir hacia delante ha convertido al Teruel en un equipo peligroso, que además genera un gran porcentaje de sus ocasiones a través de su rico balón parado. Pero también en un conjunto que expone y se desprotege algo. Sufre tras pérdida y el nivel de sus defensores no ayuda a corregir. De ahí tantos goles a favor y en contra últimamente.
Con esas lagunas pero maximizando sus virtudes, el equipo turolense ha ido escalando posiciones y afronta su histórico partido contra el Dépor en el mejor momento de la temporada. Teruel existe. Y su CD Teruel, ahora, compite más que bien.
