Foto: Fernando Fernández

Mirandés, una identidad a préstamo

12 abril 2025 - 20:55

Si lo de la Sociedad Deportiva Huesca este curso se puede considerar casi un milagro deportivo, lo del Club Deportivo Mirandés no solo se le acerca, sino que se podría debatir si le supera. Porque el conjunto jabato afronta este tramo final de temporada con las opciones de dar el salto por primera vez en su historia a la máxima categoría intactas. La dirigida de forma magistral por Alessio Lisci es una plantilla que no existía días antes de empezar la competición y a la que tan solo sus últimos malos resultados a domicilio le han descabalgado ligeramente de la lucha por el ascenso directo.

Dos derrotas en las últimas dos salidas y siete partidos consecutivos sin ganar lejos de su estadio -su último triunfo fue en Riazor– contrastan de manera radical con la dinámica del equipo rojillo al calor de su afición. Porque si al Mirandés le cuesta sacar resultados fuera de casa, en Anduva gana casi por decreto.

El bloque burgalés tiene la oportunidad de posicionarse como el mejor local de la categoría si vence al Dépor. Dicha condición le pertenece por el momento al Elche, que acumula 44 puntos en 18 encuentros en el Martínez Valero. Solo dos menos, 42 unidades, maneja el equipo de Miranda, que ha disputado un partido menos que los de Eder Sarabia y tan solo ha perdido uno como local: fue el lejano 5 de octubre contra el Granada (0-1).

Desde entonces, solo Cádiz (2-2) y Sporting (1-1) han logrado sacar punto alguno de Anduva. Esos dos empates se entremezclan con 10 triunfos del equipo local. Seis de ellos, de manera consecutiva. Números descomunales de un equipo que, en casa, solo saber ganar en este 2025.

No es casualidad el nivel del Mirandés en casa. Porque la escuadra rojilla es una máquina muy bien engrasada y con una identidad muy marcada pese a que más de la mitad de su plantilla está a préstamo. ¿Es posible generar sinergias dentro de un colectivo que cuenta con 13 jugadores cedidos? No es fácil, pero sí es posible si el entrenador sabe dar con la tecla y los futbolistas tienen un evidente denominador común caracterizado por su vinculación con equipos del norte.

Unai Egiluz, Hugo Rincón y Urko Izeta están prestados por el Athletic Club de Bilbao; Jon Gorrotxategi y Alberto Dadie, por la Real Sociedad; y Víctor Parada y Joaquín Panichelli, por el Alavés. Los tres equipos vascos nutren al Mirandés con siete futbolistas. El resto de cesiones las completan Osasuna con Iker Benito, el Burgos con Ander Martín, el Girona con Joel Roca, el Andorra con Álex Calvo, el Villarreal con Carlo Adriano y el Vitoria de Guimaraes con Adrián Butzke. Muchos futbolistas, muchos orígenes pero un claro perfil: jugadores con proyección, que buscan un lugar para llamar la atención, y con una clara relación con la propuesta de fútbol tradicionalmente más asociada al norte peninsular.

Precisamente Joaquín Panichelli es paradigma de esa identidad. El punta argentino, sin apenas protagonismo en los dos últimos cursos en Vitoria tras llegar desde las inferiores de River Plate, ha estallado en Miranda de Ebro. 16 goles contemplan al ariete de 22 años. Pero más allá de estas descomunales cifras que son fundamentales para entender por qué el Mirandés está peleando por el ascenso a Primera, la ascendencia de Panichelli va mucho más allá del remate y la efectividad. Porque sobre su ‘9’, el equipo de Lisci asienta buena parte de su identidad ofensiva.

Panichelli es, de largo, el futbolista de la categoría con más duelos aéreos disputados esta campaña. Siempre según Wyscout, el delantero ha competido en 361 ocasiones por el balón dividido en acciones por alto. El siguiente en la lista, a mucha distancia, es Jon Bautista, con 250. Además, el argentino maneja un notable 49% de éxito en este arte, lo que le convierte no solo en una referencia habitual, sino óptima.

Es decir, el Mirandés es uno de los equipos que más en largo juega de la Liga Hypermotion. No acumula demasiados pases y suele priorizar el balón directo para, a partir de esa primera disputa, asentarse en campo contrario. Bien sea para construir con algo más de paciencia, bien sea para atacar a la carrera. Clave en este sentido es Panichelli, pero también el resto de sus compañeros. Empezando por un segundo punta que varía entre Joel Roca y Urko Izeta. Ambos titulares en Riazor ante la ausencia del argentino, ambos muy móviles para flotar al lado de Joaquín y atacar el espacio.

Por detrás de esta doble punta, Lisci suele apostar por un centro del campo de tres en el que el fabuloso Gorrotxategi es el ancla, Alberto Reina el organizador y Lachuer el mediocampista físico, tendiente a caer a la izquierda, con muy buena zurda y físico para el ida y vuelta.

Complementándoles por fuera, el Mirandés suele contar con dos futbolistas con mucho recorrido para ocupar todo el pasillo exterior. Hugo Rincón es indiscutible por la derecha. A sus buenas condiciones defensivas suma un interesante nivel técnico que le ha permitido otorgar ya 6 asistencias en lo que va de curso. El lateral cedido por el Athletic es otro de los que da identidad a ese Mirandés directo y muy peligroso en acciones de centro-remate, no solo por el poderío de Panichelli, sino por el evidente trabajo que existe a la hora de atacar de manera coral los puntos de remate.

Detrás de Rincón no estará Juan Gutiérrez. El central diestro, sancionado por acumulación, ejerce las veces de lateral derecho ofensivo y permite dar soluciones por dentro y por fuera al equipo. Su ausencia puede ser cubierta por Pablo Tomeo, centrocampista de formación y que otorga mayor clarividencia al equipo con pelota desde atrás para acompañar al inamovible Tachi y a un Egiluz que, jugando en el perfil izquierdo -como viene haciendo- es una clara desventaja competitiva a la hora de hacer progresar el juego.

Precisamente en la izquierda podría entrar el zurdo Víctor Parada para solventar las dificultades del central cedido por el Athletic. Y es que si el Mirandés es muy harmónico en derecha, por el costado opuesto le cuesta más no solo por sus centrales, sino porque Iker Benito no es Hugo Rincón, aunque juegue de algo parecido. El extremo llegado en invierno de Osasuna ejerce de carrilero en ataque, pero a una altura más elevada que Hugo por sus diferentes características.

Mientras, en defensa, el cuadro burgalés suele mutar para estructurarse en un 4-4-2 en el que Rincón ejerce de lateral y Reina, mediocentro, pasa a ser teórico futbolista de banda derecha en la línea de cuatro del centro del campo. Más allá de estos matices y de una altura de bloque que puede ser cambiante en función del rival y del momento del partido, la evidente fortaleza defensiva del Mirandés radica en la cohesión. Porque el conjunto jabato suele mantener las líneas muy unidas y no rehúye el duelo. No podía ser menos dentro de esa identidad tan propia y que tan bien funciona, por mucho que sea a base de préstamos.

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