No fue una autopista, porque enfrente estaba el mejor bloque defensivo actual de la Liga Hypermotion. Pero sí una carretera que acabó siendo, casi de manera exclusiva, con un tráfico unidireccional. Porque a pesar del marcador final de Deportivo 0-0 Huesca, el cuadro herculino fue capaz el pasado fin de semana de convertir su encuentro ante el hasta entonces tercer clasificado en un monólogo.
A base de atacar por diferentes vías hasta generar un volumen de ocasiones y llegadas lo suficientemente amplio. Pero también gracias a un excepcional trabajo defensivo que solo tuvo como borrón unos minutos finales que pudieron costar caros. El Dépor escribió una ruta de partido con único destino la meta de Dani Jiménez… pero se olvidó de facturar el peaje.
Juego directo, ayudas, activación y valentía
No es el Huesca el equipo más productivo de la Liga Hypermotion. Pero un tercer clasificado adquiere esa condición por algo más que saber defender. El bloque dirigido por Antonio Hidalgo se sustenta en su excepcional trabajo defensivo, pero sabe cómo hacer daño a sus rivales. Sobre todo, a través del balón parado, el juego directo y el contragolpe, tres casuísticas que el Dépor fue capaz de contrarrestar, más allá de la pérdida en campo propio de Jurado que acabó en mano a mano entre Helton y Javi Hernández.
El Deportivo empezó a provocar que el choque se jugase en una sola dirección a partir de su funcionamiento defensivo. Barcia fue la gran novedad en el once de Gilsanz. Y el central coruñés estuvo impecable en los duelos. Su nivel individual, junto al de Pablo Vázquez fue clave para empezar a hacer funcionar un trabajo colectivo muy bueno que arrancó en esa eficiencia a la hora de ganar el juego directo. No solo con el poderío de Vázquez y Barcia, sino con el posicionamiento siempre atento de los laterales y, sobre todo, de un José Ángel Jurado que vivió cerca del lugar donde se producía el primer duelo para ser siempre uno más.

Así, venciendo en la disputa o en el segundo balón, el Dépor empezó a cortar una de las vías para estirarse al Huesca en un primer tiempo en el que el equipo visitante trató de progresar desde atrás casi siempre a partir del balón en largo. No lo consiguió, como tampoco lo logró en transiciones ofensivas porque el equipo herculino logró no solo viajar junto a partir de sus ataques pausados, sino activarse para presionar como venía acostumbrado y no como dejó de hacer en Elda.
De este modo, el press tras pérdida fue óptimo e impidió al Huesca lanzar. A ello se le unieron unas ayudas defensivas que provocaron que el cuadro oscense tampoco pudiese progresar por fuera. Lo intentó Gerard Valentín, pero la superioridad numérica con lateral, extremo más mediocentro provocaba que el avance por el carril exterior fuese casi una utopía.
Ya en la segunda mitad, con Hidalgo introduciendo a Javi Hernández por Enrich para ganar más juego interior, el Huesca diversificó sus rutas ofensivas y dejó de basarlo todo en el juego directo. Era el momento de dar un paso adelante o esperar más atrás. Y el Dépor eligió lo primero, aún a riesgo de ofrecer más espacios. Le salió nuevamente bien gracias a una óptima concentración a la hora de ir relevando marcas cuando un futbolista ‘saltaba’ de línea. Así, se vio cómo Ximo no tenía duda alguna en saltar a por el lateral Vilarrasa si Mella se posicionaba con un central. Tampoco los mediocentros dudaron en perseguir a sus pares ni Pablo Vázquez o Barcia en salir muy fuera de zona si Soko o sobre todo Hernández descendían al apoyo.

Siendo muy agresivo en los reinicios, casi emparejando, y todavía más en el press tras pérdida, empujando hacia delante (con Jurado como maestro), el Dépor logró que el partido se jugase casi de manera exclusiva en el campo del Huesca. Al menos hasta un tramo final en el que el desgaste de unos y el oxígeno renovado de otros empezó a provocar algún pequeño desajuste que permitió al conjunto altoaragonés amenazar. No fue casualidad que hasta el minuto 80 el bloque visitante rematase tan solo una vez y en ese último tramo lo hiciese tres.
El teatro de sombras

El aspecto defensivo fue clave para entender por qué el Huesca se fue de Riazor con una mínima producción, pero el juego ofensivo del Deportivo fue lo que terminó de darle al combinado entrenado por Gilsanz el control absoluto para convertir el choque en una carretera unidireccional.
El Huesca fue capaz de ir a presionar arriba durante la primera mitad y, a la vez, no desestructurarse. A partir de su 4-4-2 en bloque alto, el conjunto foráneo lograba incomodar el inicio de juego del Dépor, pero no era tan agresivo como para meter el pie, a riesgo de verse superado y conceder una primera ventaja decisiva a su rival. Manejaba bien ese equilibrio.
Por lo tanto, para superar esa primera línea rival, Jurado volvió a ser el encargado de incrustarse entre centrales con el objetivo de conformar el 2+1 desde el que ganar tiempo y espacio para poder avanzar. Aunque el factor decisivo estuvo en lo que el Deportivo fue capaz de construir por delante gracias al teatro de sombras que Mario Soriano y Yeremay se encargaron de montar.
Como si de un cuento para niños se tratase, el madrileño y el canario se dedicaron a jugar con la imaginación para despistar al Huesca, incapaz de interpretar lo que veía ante sus ojos. Así, el Deportivo construyó un cuadrado asimétrico en el centro del campo, con Jurado ejerciendo casi siempre de vértice inferior y Villares de vértice derecho para permitir a los dos jóvenes mediapuntas moverse con libertad entre el ángulo izquierdo y el superior.

De este modo, el Dépor tenía como intención final encontrar al ’10’ o al ’21’ como futbolistas sin marcar para que fuesen ellos los que acelerasen los ataques. Cuando uno de ellos aparecía en el campo de visión de un futbolista del Huesca, era un simple engaño para otorgar al otro una libertad. Con movimientos complementarios constantes para ocupar el espacio libre, Yere y Mario fueron indetectables. Si uno se abría a la izquierda, el otro aparecía por dentro. Si uno caía a la espalda de los medios, el otro recibía libre más abierto.
Los cuatro deportivistas del centro del campo contra los dos mediocentros más Hugo Vallejo que colocaba el Huesca. Era una superioridad numérica constante, pues Valentín (extremo en el 4-4-2) se hundía para estar pendiente de Obrador en el carril exterior y Toni Abad, central derecho una vez su compañero se convertía en lateral, tenía dudas a la hora de ‘saltar’ demasiado lejos para no desproteger al equipo. Porque si llegaba tarde y era superado, el riesgo podía ser mortal.

De este modo, el Deportivo fue capaz de construir ventajas colectivas, pero le faltó clarividencia en último tercio. El atasco en la frontal propiciado por él mismo a la hora de juntar a demasiados futbolistas, por el poco atrevimiento a la hora de conectar con Mella que fue más segundo delantero que extremo y se dedicó a tirar constantes desmarques diagonales o a la ausencia de acierto en el remate o el penúltimo toque. Todos fueron condicionantes para ver a un equipo con más buenas intenciones que veneno final.
Si tú me vienes a buscar, yo te encuentro a ti
El Dépor fue más y mejor durante el primer tiempo y así lo entendió también Antonio Hidalgo, que decidió prescindir de un punta nato como Enrich para jugar con un futbolista de segunda línea más móvil como Javi Hernández. La intención del preparador visitante era no solo ganar a un futbolista más para construir, sino ir a presionar más arriba gracias a la presencia de un jugador con más piernas. Y así lo hizo. Sobre todo en unos reinicios en los que el Huesca incluso emparejó hombre a hombre.
El escenario había cambiado y el Deportivo entendió también el nuevo juego. Si tú me vienes a buscar arriba, el espacio está a tu espalda. Pero no a la de tu defensa (que también), sino a la de tus centrocampistas. Así, con envío más directos, el cuadro herculino fue capaz de salir casi siempre de presión. No lo lograba combinando en corto como antes, pero tampoco buscando que sus delanteros disputasen en el cuerpo a cuerpo con los zagueros. Lo hacía buscando de una manera mucha más vertical a un Mario Soriano que vivía en el lado ciego de Sielva y Kortajarena, atraídos por Villares y Jurado.

Con Yeremay, Mella y Zaka fijando a la línea defensiva, entre la zaga y el centro del campo del Huesca se abría una llanura para Mario. Había que encontrarlo, pero hasta en eso estuvieron bien los centrales, capaces de aprovechar el poco tiempo del que disponían para conectar con un Joker que interpretó a la perfección durante todo el partido cómo y dónde moverse. Cuando un futbolista recibe siempre solo, no es casualidad.
De este modo, llegando a Mario, el Dépor podía girar al rival y poner a correr a sus atacantes, que incluso en ataques más posicionales dieron un paso hacia delante a la hora de amenazar más la espalda de la lenta línea defensiva rival. En una de esas acciones de ataque posicional que parecían contraataques por los espacios pudo llegar el gol de Yeremay, al igual que en una triangulación por dentro -de las que eran más habituales en el primer tiempo- volvió a toparse el canario con el palo y Zaka con la grada.

El Huesca fue a buscar a su contrario. Pero haciendo eso, quien de verdad le encontró fue el Deportivo. Todo para evidenciar la tendencia unidireccional del partido y amagar con cobrarle un merecido peaje un equipo que llegaba a Riazor invicto en los 12 últimos encuentros y que si pareció menos de lo que era fue, en gran parte, por el completo partido de un Dépor con muchas buenas intenciones, pero con poca maldad para facturar.
