Cada día más completo en el juego, cada día más errático. El Deportivo 1-1 Eldense fue, quizá, el mejor partido del cuadro blanquiazul esta temporada en Riazor. Ante un rival con un claro plan de ceder el balón y contragolpear, el conjunto herculino no solo tuvo el balón, sino que generó de todas las maneras posibles situaciones de gol para ganar su segundo partido en Riazor. El equipo blanquiazul pagó muy caro su falta de contundencia en la transición defensiva durante los primeros minutos. Pero el gol despertó un fuego defensivo que se unió a la claridad ofensiva para convertir el choque en un monólogo sin final.
Lo dicen los datos objetivos, las sensaciones subjetivas y hasta un entrenador rival que se deshizo en elogios al juego del Dépor. El cuadro deportivista volvió a completar un encuentro muy completo. Quizá el más completo del curso. Porque dominó en todas y cada una de las fases del juego… pero concedió al principio y estuvo errático en el penúltimo pase, en el último o en la finalización. Y así, los muchos méritos que acumulas se transforman en un gigantesco demérito que te impide sumar de tres en tres.
Una transición defensiva que ayuda a dominar… tarde
El Deportivo superó por completo al Eldense desde todos los ángulos. Lo hizo a partir de su capacidad para saber qué hacer con el balón para encontrar la profundidad y generar numerosísimas situaciones de peligro. 22 remates totales y 49 toques en área rival son un bagaje récord para el equipo blanquiazul esta temporada. Y eso que sus cifras en más de un partido, sobre todo de los jugados en Riazor, ya habían sido elevadas.
Pero para alcanzar ese extremo tuvo que acompañar su notable ataque posicional con una fase defensiva muy agresiva y efectiva, en la que repitió el marcaje al hombre del Martínez Valero en cada reinicio del Eldense para impedirle progresar desde abajo una y otra vez. A esto se sumó una transición defensiva óptima, que le ayudó a impedir que el rival amenazase al contragolpe… menos al inicio.
El Eldense de Dani Ponz se plantó en Riazor con la clara intención de cederle el balón al Deportivo y hacer lo que mejor saber hacer: atacar al espacio. El extécnico de Unionistas planteó su habitual 4-4-2 que no quiso ser presionante desde el primer momento, pero tampoco logró impedir progresar al cuadro de Imanol. Sin embargo, en el inicio del choque sí consiguió uno de sus objetivos: dañar al contragolpe.

Así, cada acción que el Dépor no finalizaba se convertía en una réplica visitante conducida por el incómodo Nacho Quintana, que abandonó su puesto como delantero para volver a ejercer como el extremo que es. A través de las progresiones del ex del Lugo o del lateral Gámez por el carril diestro, el Eldense fue capaz de estirarse. Lo hizo así porque aunque el Deportivo sí se activó para recuperar tras pérdida, no entendió que una vez superado ese press inicial, debía frenar sí o sí la jugada.
De este modo, se volvió a ver a un equipo demasiado dudoso a la hora de cometer falta, con un Yeremay blando, un Soriano que se fio demasiado de sus bajas capacidades a la hora de recuperar en el cuerpo a cuerpo y un Mfulu tremendamente contemplativo. Fueron tan solo un par de veces las que el Eldense descosió al Dépor por su pasillo izquierdo, pero suficientes para inyectarle veneno e ir mandando 0-1 antes del minuto 10.
La acción del tanto inicial tuvo su miga. Yeremay dimitió en la conducción de Gámez, Soriano no llegó a robar en la cobertura y los centrales dejaron girar y golpear a Godoy, que agarró también el rechace ante la inacción de Obrador.

Una vez en banda, Soriano acudió a la ayuda del lateral, pero Mfulu no se responsabilizó de Bernal, al entender que él debía quedarse con su marca en la frontal del área en vez de bascular y taponar la amenaza más evidente. El centrocampista visitante recibió solo en el pico del área, con tiempo y espacio para pensar y ejecutar a sus anchas. Tanto que encontró a Jorquera con un centro con rosca hacia dentro que Ximo, mal perfilado al no intuir la trayectoria del balón, se comió al segundo palo. A remar.
Una izquierda que es principio y final
El Deportivo había arrancado el choque con un buen ritmo ofensivo, pero su falta de alerta defensiva le puso muy cuesta arriba el encuentro. No hay nada peor para un equipo sin gol que recibir primero. Sin embargo, el tanto no trastocó al cuadro deportivista, que desde mediados del pasado curso parece inmune a cualquier golpe. Sea cual sea el escenario y el resultado, juega (casi) siempre con la misma determinación.
Así fue un día más. El equipo deportivista mantuvo el plan y desde el carril izquierdo empezó no solo a encontrar una salida constante para iniciar los ataques, sino un carril que, gracias a la mezcla de sus jugadores, fue también final de sus ofensivas.
La presencia de Mario Soriano en el doble pivote en detrimento de un mermado Villares dotó al equipo de más dinamismo con pelota. Porque ante el 4-4-2 rival, Mario pudo replicar la acción en la que más destaca: recibir a espaldas de línea rival. Claro, lo hizo más abajo que cuando ejerce de mediapunta. Y, por lo tanto, con menos incidencia a la hora de generar ventajas en situaciones de peligro a cambio de ofrecer soluciones en esos primeros pases.

Unos primeros pases para los que fue determinante, de nuevo, Dani Barcia. El canterano volvió a ofrecer un clínic en cuanto a la toma de decisión y la ejecución con la pelota en los pies. Siempre supo cuándo y hacia dónde conducir. Cuándo soltar el pase y hacia quien. Desde esa capacidad para generar la primera ventaja, la presencia de ambos en ese sector zurdo permitió al Deportivo no solo empezar a construir por ahí, sino dar vuelo a Obrador y encontrar entre líneas a Yeremay.
Así, con esos cuatro futbolistas y sus interrelaciones, el Dépor encontró superioridades socioafectivas (me relaciono mejor que los rivales) y, sobre todo, cualitativas (soy mejor que los rivales) donde no había ventajas numéricas. Sí, el Eldense era capaz de bascular, pero no de frenar a un cuarteto al que se sumaba Lucas Pérez con sus desmarques dentro-fuera para terminar de dar la profundidad al equipo.

De este modo, casi de manera recurrente, el Deportivo se juntó en la izquierda para iniciar, construir y finalizar. Con interpretación de los espacios, intercambio posicional y unas movilidades complementarias bien entendidas. No fueron casualidad los 5 regates intentados por Obrador con 4 acertados, que se sumaron a los 5 de Yeremay o los 3 de Mario Soriano. El Dépor fue un equipo de izquierdas, muy profundo y con tendencia a buscar el área de manera sistemática. Así lo reflejaron los 16 centros que buscó, de nuevo con Obrador como gran protagonista con media docena de envíos.
De este modo, no fueron casualidad los 16 saques de esquina generados. Pero ni en juego corrido ni en balón parado terminó el equipo de atinar. Más allá del gran gol de Bouldini (cómo no, a centro lateral) y de algún remate de Barcia y Vázquez muy claro a envíos de Lucas desde la esquina, al equipo le faltó temple a la hora de enviar los balones, coordinación entre centrador y rematador y buena ocupación del área (a veces por número, a veces por posicionamiento). El vacío recurrente en el primer palo cada vez que el equipo profundizaba por fuera fue el principal síntoma.
El paso adelante y el juego interior como alternativa
El Dépor no encontró el acierto para remontar ya en la primera mitad, pero mantuvo la tendencia tras el descanso. Mientras, el Eldense entendía que debía salir de la cueva y Dani Ponz ordenó a los suyos dar un paso hacia delante en la presión. A los dos puntas se les unieron unos extremos que dejaron más solo a Álex Bernal, como único pivote, pues David Timor también se descolgaba para tratar de impedir esos pases dentro hacia Mfulu (posteriormente Villares) y sobre todo Soriano.
Sin embargo, ese paso hacia delante permitió al Dépor disponer de más espacio para atacar. Espacio entre líneas, que no a la espalda de la defensa. Porque esa última línea siempre aguardaba junta y protegida para no conceder al Deportivo metros para correr de verdad. Si el equipo blanquiazul superaba esa primera presión, todavía quedaban diques de seguridad con los que proteger a Mackay.
Esta intención de querer amenazar más provocó que el cuadro local pudiese encontrar con mayor libertad a sus mediapuntas Lucas y Yeremay. Pero también permitió precipitó todavía más las recuperaciones altas del equipo blanquiazul. El Eldense, una vez robaba, no terminaba de encontrar ese pase de seguridad desde el que mantener la pelota o ese envío directo para sacar el balón de la zona y no perderlo, de nuevo, de manera inmediata.

El cansancio hacía cada vez más mella en el equipo de Ponz, mientras que el Dépor no solo estaba bien posicionado en cuando a densidad de piernas en la zona de la pérdida, sino que se activaba para acosar al poseedor y a los posibles receptores. Así, el combinado deportivista empezó a disponer también de transiciones ofensivas desde las que poder atacar a un rival no tan bien preparado para defender. Pero ni por esas.
A esa circunstancia se le unió la presencia de Villares como ancla, que permitió que el equipo viviese más arriba y que Mario Soriano pudiese dar un paso adelante. Sobre todo tras la salida de Yeremay, que terminó con Mella en la izquierda y con Herrera en la derecha, el madrileño pasó a ejercer de organizador en inicio de juego pero también de mediapunta junto a Lucas en el tercio final.

El Deportivo, que había atacado de manera constante por fuera -sobre todo por la izquierda-, empezó a hilar también por dentro gracias a esas asociaciones entre sus dorsales ‘7’ y ’21’, bien interpretadas por un Herrera que atacó un par de veces con peligro esa zona con desmarques diagonales desde el lado débil.
Una y otra vez. Por fuera pero sobre todo por dentro, el Dépor lo intentó hasta el final. Acabó volcado. Pero no era el día. El Deportivo 1-1 Eldense parecía escrito para un conjunto herculino que, curiosamente, crece día a día a pesar de que los marcadores se resisten a darle el de los puntos imprescindibles para creer en lo que hace.
