Todo o nada. El Dépor se plantó en el Martínez Valero con un planteamiento atrevidísimo, en busca de la cara y muy consciente de que le podía salir cruz. Curiosamente, la moneda cayó de canto. Porque el Elche 0-0 Deportivo fue un encuentro abierto, de alto ritmo y numerosos espacios, en el que el conjunto ilicitano y el deportivista demostraron por qué no tienen unos puntos más acorde a su juego: no solo tienen la pólvora mojada sino también, en muchas ocasiones, el veneno en barbecho.
El equipo de Imanol Idiakez fue a buscar muy arriba al Elche para robarle la pelota, su bien más preciado. Lo más cerca de su área posible y cuanto antes. Quería estresarle, impedirle que progresase desde la calma. Que se fuese asentando en campo contrario, viajase junto y así, te acabase sometiendo.
Sin embargo, durante la primera mitad estuvo lejos de sentirse cómodo. Imperaban los desajustes sin pelota y la precipitación con balón. Entonces, tras el descanso, todo cambió. Pero no gracias a haber dado un paso atrás, sino dos hacia delante. ¿No quieres caldo? Pues toma dos tazas. El preparador vasco extremó el plan y desde una fase defensiva que se convirtió en un marcaje hombre a hombre a todo el campo, logró girar el partido hacia la meta de Dituro y convertir al exmeta del Celta en antihéroe para el deportivismo.
Presionar alto no es igual a presionar bien
Idiakez apostó en Elche por un once en el que la única novedad era la entrada obligada de un sustituto de Yeremay. El elegido fue un Mario Soriano que, por condiciones, encaja perfectamente en el rol que estaba desempeñando el canario. Sin embargo, el equipo apenas pudo (ni buscó) contactar con él y convertirle en el eje sobre el que construir los ataques. A esta circunstancia colectiva se le unió un desacierto individual extremo en muchas de las acciones en las que intervino con pelota durante la primera mitad.
Pero más allá del rendimiento personificado en uno u otro, el Dépor sufrió enormemente a nivel colectivo en el primer tiempo. Lo hizo porque hay algo peor que no presionar a un adversario: presionar mal. Y es que aunque la intención del cuadro coruñés era acosar al Elche hasta en su propia área, el conjunto de Eder Sarabia encontró durante la media hora inicial casi siempre al hombre libre que le permitió superar esa presión y hacer correr hacia atrás a medio equipo de un Deportivo que se partía a propósito.
Ese futbolista fue José Salinas, que ejerció de carrilero izquierdo y partió desde una posición que, unida al resto de la disposición del Elche, fue difícil de detectar para el Deportivo. Porque el conjunto deportivista iba a presionar con cinco futbolistas los inicios de juego de un equipo al que Eder Sarabia estructuró con el portero, tres centrales relativamente abiertos y dos mediocentros por delante algo escalonados. Para igualar esa estructura (sin tener en cuenta al meta), el Dépor dibujaba por detrás de sus dos puntas una línea de tres conformada por Mella, Villares y Soriano.
El problema radicaba en que el Deportivo no encontraba la forma de neutralizar esa salida de balón porque permitía jugar al Elche. El equipo local no solo era capaz de hacer superioridad con Dituro, es que además movía la pelota y se posicionaba con criterio para provocar que los ‘saltos’ del Dépor fuesen largos. Provocaba dudas en el equipo de Idiakez y, además, contaba con Salinas como ese elemento en el carril izquierdo sobre el que progresar.
Con el segundo punta Agus Fernández cayendo también a ese costado para fijar a Pablo Vázquez pero a la vez movilizar a Ximo, el lateral andaluz estaba demasiado lejos de Salinas para ir a por él. Y así, principalmente encontrando al futbolista de ese carril izquierdo, el Elche lograba cortocircuitar a un Deportivo que se la jugaba yendo arriba para nada.
Tan rápido que sale mal
Esas dificultades a la hora de presionar durante la primera media hora empezaron a crear colapsos en el Deportivo. El equipo no lograba recuperar alto y la mitad de su bloque tenía que esforzarse una y otra vez replegando a toda velocidad para no dejar vendidos a Mfulu y a la defensa. El Elche no aprovechaba esa primera ventaja generada para atacar los enormes espacios porque tampoco estaba fino. Pero, al menos, tenía el control.
Una vez el equipo deportivista lograba juntarse ya en campo propio, el combinado ilicitano seguía mandando. Siempre sin veneno, pero no con una posición estéril. La movilidad de los Nicos, Agustín y Mourad lograban generar referencias dentro y soluciones fuera. El Elche podía filtrar constantemente pases en el carril central ante un Dépor, ahí sí, más contemplativo, que no presionaba demasiado al poseedor cuando este tenía el balón controlado y que se repartía zonalmente en función de la disposición local.
El encuentro estaba donde lo quería el Elche. Pero el cuadro de casa no terminaba de transformar ese caos que generaba al Dépor en peligro real. Y así, daba opciones al equipo de Idiakez para salir al contragolpe. Pero una cosa es la teoría y otra muy diferente es la práctica. Porque el cuadro blanquiazul brilló por un notable desacierto a la hora de tejer esas transiciones ofensivas. Así, a pesar de los espacios que existían para poder atacar, el Deportivo se equivocó mucho y reiteradamente. En el primer pase para montar la contra, en el penúltimo o en el último. En el control o en la conducción final. El equipo quería ir tan rápido, hacerlo todo a tanta velocidad, que lo hacía mal.
Y es que más allá de no disponer del balón en ese primer tiempo (tan solo tuvo un 25% de posesión según Wyscout), la clave estuvo en el desacierto. El conjunto coruñés promedia un acierto en el pase del 84% este curso. Sin embargo, durante la primera mitad de Elche se quedó en un pírrico 76%. Y eso que apenas intentó 113 asociaciones.
La consecuencia fue que, pese a disponer de situaciones para hacer daño expandiéndose desde muy abajo con la velocidad Mella o recuperando algo más arriba, tan solo ejecutó un pobre disparo. Fue el de Ximo Navarro desde más de 30 metros, en un saque de falta en corto de Lucas que el lateral, en ese frenesí de malas decisiones, decidió rematar.
Barbero de faro y un redoble de apuesta
En un escenario de tan pocas certezas para el Deportivo, Imanol Idiakez tan solo tenía dos opciones al descanso: o pedirle a su equipo que bajase las líneas para jugar protegido y junto, o ajustar la presión arriba yendo con todo. Eligió la valiente. Y le salió bien, más allá de que el equipo se volviese a golpear contra su falta de puntería y contra un portero muy, muy acertado.
Los datos son claros: el Dépor remató una decena de veces en la segunda mitad. Tantas que superó el gol esperado (1,1 xG según el modelo de Opta, 1,6 según el de Wyscout). Pero en esta ocasión, el equipo deportivista no ‘empeoró’ la calidad de sus ocasiones. Es decir, no definió del todo mal, sino que lo que sobresalió fue el acierto de Dituro.
Más allá de opiniones subjetivas, los datos ofrecen un respaldo a esta afirmación. Porque el portero del Elche fue capaz de evitar en torno a 1,7 goles esperados tras tiro. Esta métrica avanzada sirve para valorar no la claridad de las situaciones previas al remate, sino la ‘calidad’ de los disparos que van entre los tres palos.
Pero, ¿cómo fue capaz el Deportivo de darle la vuelta a la tortilla? Básicamente, a partir de ajustar la presión. El cuadro herculino ya había derivado a partir del minuto 30 hacia un pequeño cambio que frenó la sangría, al colocar a Mella como punta al lado de Barbero en esa primera línea de presión y a Lucas por dentro, marcando a un mediocentro mientras Villares se encargaba del otro. Tras el intermedio, certificó esta modificación y, además, elevó todavía más la altura de sus laterales.
Así, el equipo coruñés convirtió el encuentro en un auténtico duelo de emparejamientos mano a mano por todo el campo. Marcaje al hombre de principio a fin, sin red de seguridad. Un planteamiento que exige un esfuerzo físico primoroso y una concentración descomunal, pero que si se ejecuta bien, somete al rival a un estrés que provoca errores. Aunque también induce a ellos, porque no fueron pocas las ocasiones en las que el equipo deportivista se lanzó a campo contrario con todos sus futbolistas de campo. Ni los centrales temporizaban: todos iban al límite, a costa de poder errar.
Pudo fallar el Dépor, pero quien más lo hizo fue un Elche que perdió el control. Con un Mella más capacitado que Lucas para inquietar a centrales, el de Monelos con menos recorrido marcando a Febas y un Ximo Navarro que ya no estaba lejos de Salinas y podía ‘saltar’ sobre él para evitar que fuese el hombre libre, el cuadro deportivista llevó el choque a su terreno.
Claro, una vez estuvo más cómodo presionando, también logró tener más paciencia con pelota. Del pobre 25% de posesión a un 45%. Con Mario Soriano más por dentro aunque interviniendo solo intermitentemente, el cuadro deportivista empezó a construir ataques más largos, aunque siguió primando su arma principal ya en la primera parte: el balón largo hacia Barbero.
El punta almeriense fue el faro del equipo en ataque. Al igual que se partió yendo arriba a presionar, el Deportivo también partió con balón de un bloque fraccionado, con los cuatro defensas y los dos pivotes bajos, Soriano y Lucas como mediapuntas más encargados de estar cerca de los atacantes que de ser receptores y Barbero como receptor de todos los envíos, con Mella muy cerca para hacerse con las segundas jugadas que generasen las disputas del ariete y amenazar al espacio.
La idea en ese primer tiempo no salió tan bien porque las acciones ganadas por el almeriense no encontraron continuidad. No sucedió lo mismo en un segundo tiempo en el que el Elche vivía más incómodo y las muchas situaciones en las que el faro del equipo deportivista se acabó imponiendo en esas recepciones cayendo a banda izquierda tan características (solo hace falta mirar al 1-3 de Albacete) estuvieron mejor acompañadas por el equipo en distancias y, sobre todo, en acierto a la hora de construir.
Así, el Deportivo fue un equipo más amenazante y que jugó a buena velocidad, pero no precipitado. Eléctrico, pero no cortocircuitado. Al menos no hasta que el ataque se quedó sin luz, con la salida de su exhausto ‘9’, fallón dentro del área pero imprescindible para el colectivo. Idiakez tiró mano del escalafón y dio entrada en su lugar a Cristian Herrera, pero el canario está lejos de ser un ariete con las características que el Dépor le exigía a su punta de lanza.
De este modo, los cambios fueron haciendo a menos al Dépor, ya que la réplica Bouldini apenas tuvo margen para poder demostrar que si no está Iván, el ‘9’ debe recaer sobre él al menos en partidos así. Por aquel entonces, el equipo ya había desperdiciado sus oportunidades para romper el Elche 0-0 Deportivo. Todo a pesar de que, en el que quizá hubiese sido lógico no querer caldo, él apostó por meterse dos tazas.
