La pretemporada es tiempo para recuperar el tono físico, pero también época de pruebas. Los equipos se ponen de nuevo en marcha y el cuerpo técnico aprovecha los entrenamientos y partidos amistosos para trabajar conceptos técnico-tácticos y hacer probaturas de cara a encontrar las mejores sinergías posibles entre futbolistas.
El período estival es clave en el proceso de adaptación de los futbolistas recién llegados a un nuevo vestuario. Pero incluso en el caso de que los fichajes sean escasos y la base ya esté construida, la pretemporada sirve para estudiar cómo evolucionar a nivel colectivo y no quedarse anclado.
Eso mismo es lo que ha hecho Imanol Idiakez. El técnico donostiarra pasó momentos muy duros el pasado curso. Pero su capacidad para no perder el favor del vestuario en esos instantes dramáticos le mantuvo a flote y le permitió acabar encontrando la fórmula futbolística a partir de la que el Deportivo firmó una remontada histórica para acabar ascendiendo con antelación. Ahora, en su segundo año al frente de la nave blanquiazul, afronta un reto todavía mayor: consolidar con cierta solvencia al club en Segunda División, una categoría con la que él también tiene una cuenta pendiente.
Para volver a obtener una buena nota a final de curso, el preparador y su staff han tenido en torno a cinco semanas de entrenamientos y siete encuentros amistosos en los que, seguramente, ha podido sacar varias conclusiones de cara al inicio liguero contra el Real Oviedo (sábado, 19:00 horas).
Defensa de cuatro
Lo probó el pasado verano y volvió a repetir este. Imanol Idiakez no se encierra en uno o dos dibujos y durante el verano ha jugado con la posibilidad de plantear una defensa compuesta por únicamente tres zagueros. Por fuera, como único ocupante de todo el pasillo exterior, el técnico ha tanteado la posibilidad de colocar a un lateral más puro como Iano, pero también ha jugado con futbolistas mucho más ofensivos como Davo, Mella o Kevin Sánchez, que poco o nada tienen de carrileros.
Idiakez probó frente al Chaves con Escudero de tercer central y lanzando a Iano como carrilero, pero la lesión del vallisoletano acabó con el test. Luego, repitió ante Unionistas y el examen no salió del todo mal, gracias a esa asimetría generada por las propias características de Iano y Kevin que daba equilibrio. Sin embargo, en la prueba definitiva ante el Leganés, no funcionó.

Con Davo y Mella como únicos defensores de las bandas pero en una segunda o tercera altura, el equipo no fue capaz de protegerse bien a lo ancho del campo y el cuadro entrenado por Borja Jiménez encontró caminos para dañarle. Fue algo muy similar a lo que sucedió hace un año en Ponferrada, en un encuentro en el que Idiakez puso en liza un equipo con características similares y acabó sufriendo mucho.
De este modo, todo hace indicar que ante el Real Oviedo el Deportivo empezará jugando con una defensa compuesta por cuatro futbolistas. Al menos, sin balón. Con la pareja compuesta por los Pablos todavía un paso por delante del resto en el eje de la zaga, Ximo Navarro podría ejercer como improvisado lateral izquierdo y dejar su puesto en la derecha a Petxa.
Cuatro nombres para componer una zaga capaz de defender bien la amplitud y también la profundidad para luego, en ataque, poder mutar hacia una estructura de tres -con Ximo o Petxa proyectándose- en función de los futbolistas que Idiakez coloque por delante.
Petxa, un imprescindible sin Escudero
Dos de los seis fichajes del Deportivo -si contamos a Soriano- han sido laterales. El club ha acudido al mercado para reforzar los carriles exteriores de su defensa, una necesidad imperiosa. Pero ha apostado por perfiles muy concretos: futbolistas capaces de aportar mucho en la construcción del juego ofensivo.
Con Petxa y Escudero el Dépor gana hombres capaces de ubicarse bien tanto por fuera como por dentro, con dominio de su orientación y un rango de pase óptimo. Las pruebas con Escudero hacían indicar que el ex del Valladolid podía tener un rol similar al que disfrutó en el cuadro vallisoletano, en el que ejerció prácticamente como mediocentro organizador en un doble pivote. Pero su lesión truncó todo.
La baja de Escudero es una faena en términos cuantitativos, pero también en el aspecto cualitativo debido a la capacidad que el zurdo aportaba para hacer progresar al equipo con sus primeros pases. Precisamente por ello, ahora la figura de Petxarroman se antoja más imprescindible.

A pesar de jugar en el carril opuesto, el vasco aporta esa clarividencia en la construcción a partir de unas características similares a las de Escudero, pero diferentes. Capaz de desenvolverse por dentro, como demostró cuando jugó de mediocentro frente al Gil Vicente, el vasco se desenvuelve también de manera óptima por fuera gracias, sobre todo, a su gran capacidad de conducción.
De este modo, bien sea ayudando como ‘tercer central’ o actuando como carrilero, la presencia de Petxa apunta a ser fundamental en estas primeras semanas del Deportivo en Segunda División. Sobre todo, para superar presiones rivales.
Villares, el mejor llegador
Precisamente la presencia de Petxa en el once ante la baja de Escudero ayudaría a que Diego Villares tuviese menos responsabilidades a la hora de construir el juego ofensivo del Deportivo desde abajo y pudiera aparecer en posiciones más cercanas al área.
El centrocampista de Vilalba dio un paso adelante en cuanto a su capacidad organizativa el pasado curso, al igual que en otras facetas como el disparo de media distancia. Sin embargo, parece evidente que el mejor rol de Villares en la fase ofensiva del Deportivo se da cuando tiene libertad para soltarse, romper en profundidad y llegar al área. Atacando al espacio más que con el balón.
En esa función ha jugado durante muchos minutos en esta pretemporada. Sobre todo, cuando Lucas Pérez era el ariete sobre el campo. Ante la tendencia del ‘7’ a descender en altura para pedir el balón al pie, Villares fue en muchas ocasiones el encargado de ‘estirar’ al equipo, una función que también es capaz de ofrecer rompiendo por el carril intermedio cuando la jugada progresa por la parcela derecha del campo, en la que el ‘8’ suele estar más a gusto.

Sin embargo, una apuesta por una estructura más cercana al 4-2-3-1 ubicaría al vilalbés en el doble pivote, bien con José Ángel, bien con Mfulu al lado. En esa posición más similar a la de la segunda vuelta del pasado curso, tal y como jugó durante buena parte de la segunda mitad ante el Leganés, las opciones de Diego para descolgarse serían menores. Priman sus responsabilidades a la hora de dar equilibrio al equipo, ante la acumulación de compañeros por delante de él.
Rama y su nueva oportunidad como ‘comodín’
El pasado curso no tuvo demasiado protagonismo, pero era parte de la teórica ‘unidad B’. Sin embargo, este verano las llegadas de Mario Soriano y Luis Chacón amenazaban con reducir todavía más las oportunidades a Hugo Rama. Tanto que su futuro en el Deportivo, al que llegó hace un año firmando un contrato de dos temporadas, no parecía nada claro.
Sin embargo, su predisposición a ganarse el puesto y la ausencia de más fichajes para la sala de máquinas han generado un pequeño resquicio por el que, quizá, el de Oroso pueda colarse para, al menos, seguir formando parte del núcleo de rotación de Imanol Idiakez.
Acostumbrado a jugar mucho más arriba, Rama ha sumado minutos como mediocentro de base, tratando de organizar el juego colectivo desde los primeros pases. Con luces y sombras, Hugo ha brillado este verano cuando ha podido ver el fútbol de cara, pero más cerca de la frontal rival que del área propia. Así lo atestiguan sus tres goles.

Con un atasco tremendo en la segunda línea pero sin una figura como las que fueron Juergen, Rubén Díez o -de manera fallida- Salva Sevilla en estas últimas temporadas, Rama puede ser ese comodín del que Idiakez tire cuando necesite talento para abrir los partidos. En sus pies y en su cabeza están las posibilidades de seguir sumando al Deportivo. Renovarse o ‘morir’.
Mejor con un ariete
Con Raúl Alcaina lesionado, Davo ejerciendo de extremo e Iván Barbero como único delantero centro puro del primer equipo, al igual que el año pasado, Imanol Idiakez ha tenido que ir dosificando al almeriense y probando variantes. Más allá de la posibilidad de un Martín Ochoa que no ha contado tampoco demasiado y que tiene opciones de salir cedido, el plan B del técnico vasco ha sido volver a recolocar en la posición de ‘9’ a Lucas.
El de Monelos ha dejado buenos detalles. Pero eso no es algo que sorprenda. Yendo a un análisis más global, resulta evidente que se encuentra mucho más cómodo actuando con un delantero de referencia al lado. La presencia de un punta le beneficia a él y, por ende, beneficia al equipo en contextos en los que es preciso llevar más el peso del partido.

Porque Lucas no era, ni es, ni será especialista en fijar la posición y ‘pegarse’ con los centrales. Sin espacios, sufre. Y su predisposición a abandonar la posición de ariete sin nadie que le compense únicamente provoca comodidad y confianza en los centrales rivales, que pueden acortar distancias con sus centrocampistas.
Al igual que sucedió el curso pasado, el Deportivo ha sido un equipo más armónico con un delantero como Barbero, capaz de sujetar defensas, pelear por alto, jugar de espaldas y amenazar en el área si las jugadas progresan por fuera. A la espera de la llegada de otro ariete, la solución de Lucas como punta puede resolver la encrucijada en la segunda línea del ataque, en la que el propio Lucas, Soriano, Yeremay y Mella se disputan tres puestos. E incluso ser útil puntualmente según el contexto de partido. Pero todo hace indicar que atacar con un ‘9’ volverá a ser una fórmula que acerque al Dépor más al éxito que hacerlo renunciando a la figura de un delantero centro nato.
