Nuevo AB4. Ahora con ziritione.

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Nueva entrega de ‘Alta Definición’, en la que Adrián Calviño se rinde a los pies de Bergantiños, ahora un jugador nuevo “al que no se le idolatra. Se le conoce”.

-Que sí, joder, que es cierto esto. Estaba el bosnio aburrido, cortando pantalones a tijera en medio del entreno, y empezó a farfullarle algo como “Stopala eksterijer”. Así, sin parar: “Stopala eksterijer. Stopala eksterijer”. Y el otro que es tan aplicado le decía que sísísí. Es que hasta capaz de saber bosnio el fulano.

Calló la mesa. Cuadraba. Sí, quizás sí. Podía ser. Todos hurgando en la memoria. Todos con los ojos perdidos como un ‘cambiapieles’, viendo pasar highlights, yendo a buscar golpeos de exterior. ¿Desde cuándo le pegaba el rubio de exterior? ¿Cosa de Haris? ¿Qué magia negra eran esos pases filtrados entre la defensa? ¿Qué? Y comenzaron a sucederse tackles bonitos y preciosos en todas aquellas cabezas chispeantes. Uno, dos, tres, cuatro robos. Otro más. Y otro. Cinco o seis docenas de robos. Decenas, cientos de kilómetros recorridos, de piernas trabadas y mirada predadora. Nos mirábamos. Negábamos. Negábamos extraños con la cabeza y nos mirábamos, nos mirábamos y negábamos mientras por todas aquellas cabezas nuestras no dejaban de aparecen partidos de notable alto. Qué otra cosa podíamos hacer.

“Me rindo. Qué partido ha hecho el cabrón. Qué partidos está haciendo”, soltó por fin alguien, quizás Alfonso, no sé, cualquiera. Soltó por fin alguien y asentimos todos porque solo necesitábamos asentir para dejar de negar. Solo necesitábamos asentir para subir al carro del rubio. Relajarnos. Arrepentirnos. Dejarnos llevar. Aprovechar la inercia. Desde finales del catorce llevaba el tipo obligándonos a hacerlo. Arrepentidos los quiere Álex B. Arrepentidos por haberlo vitoreado en Segunda pero menospreciado en Primera.

La mayor parte de las veces, aventurarse en pronósticos, obcecarse en filias y defender convicciones hasta la última gota de alcohol resulta agotador. Completamente agotador. También aquella mesa de cabezas chispeantes, chispeantes y blanquiazules, estaba agotada. Uno, en ese estoico ejercicio de desgaste que es el tener una opinión sobre todo y todos, en esa autoimpuesta obligación de exasperar, acaba por perder la perspectiva. O el ánimo. O lo que es peor, ninguna de las dos. Dejarse llevar convencido por la placentera sensación del ventajismo, sin embargo, produce una desasosegada satisfacción. Desentenderse de todo, pegar una calada y convertirse en humo, colarse entre la cálida multitud. Unirse a la evidencia. Quizás, y solo quizás, sentirse mal por un instante, como en ese momento previo a la irrevocable decisión de pasar toda una mañana en la cama, para luego languidecer feliz en ese éxtasis que algunas veces produce la calma.

Por eso hoy, como en aquella mesa, cansado y convencido, conquistado, me apetece dejarme llevar y ser ventajista, encender un cigarro y coger la mano de Bergantiños para zarandearle como a un niño por esta pieza. Para dejar que Bergantiños sea el Deportivo. Que el Deportivo sea Bergantiños. Que todos seamos Bergantiños. Y ventajistas.

Todo lo que sé de ventajismo me lo enseñó, o me lo dejó aprender, mi amigo Luis. Mi amigo Luis es un tipo que te recita sin esfuerzo pero excitado las alineaciones del Dépor de los últimos veinte años, te da resultados exactos con goleadores y minuto o te arma la trayectoria de Gallardo y su relación con Caparrós. También es un experto ventajista. Un ventajista profesional. A veces, cuando va por la décima chaqueta del día y creemos que ya ningún otro cambio puede caber, ¡zas! Y se destapa el cabrón con un nuevo truco que lo adapta cual camaleón a la corriente predominante. A Bergantiños lo hundió y alzó una vez cuatro veces en la misma caña, riendo maléficamente entre dientes. A Bergantiños lo conocía Luis por un amigo que estudiaba ADE con el rubio. Y es que toda Coruña conoce a Bergantiños, de una u otra forma, más o menos cercana, por este o por aquel otro. Es un tipo tan de la casa, Bergan, que las abuelas le dan dinero y un beso cuando lo ven por Marineda. “Tas moi delghado meu neno. Come”. Como Luis, yo tampoco lo tuve nunca en alta estima. Quizás por haberle visto en el patio del colegio. Por estar cansado de verlo. Tal vez porque siempre estuvo cerca. Uno tiende a idolatrar –si es que idolatra, que no es el caso- a gente lejana, y no al tipo con el que coincide comprando un medio de tortilla en Maruja o que se casó con la prima de aquel con el que se había partido la cara en Baroke. A Begantiños no se le idolatra. Se le conoce.

Porque Bergantiños era ‘Koeman’ para todos los hijos del gol de Celeiro. Una generación entera que vio como alguna vez el de La Sagrada le robaba una pelota, o se la devolvía; que vio como le prestaba los apuntes o le soplaba en algún examen; cómo le desplazaba tan en largo y tan perfecto que veía pasar su vida en el vuelo de aquel balón, en aquellas diagonales teledirigidas con las que campeonaba por España adelante desde el cierre del Breogán o mandaba callado y sereno con la roja del Imperator. No era muy alto, pero sí ancho, fuerte y noble, la sacaba con clase, entraba duro y la pegaba con fuego. A todos nos parecía muy bueno Álex, Koeman. Sin embargo, ninguno pensábamos que llegaría a Primera. Tampoco a Segunda. Ni siquiera al mediocampo del Guadix de la segundabé que arrasaba en el Pc Fútbol.

El apodo le vino fácil. Corrían los noventa, los tiernos, afilados y psicodélicos noventa, y en cada barrio coruñés había un ‘Koeman’, un ‘Romario’ o un ‘Bebeto’. También algún desfasado ‘Schuster’. Había un Bebeto que parecía el Turu, y otro del Oza que nos rompía siempre. Nosotros teníamos un ‘Djukic’ en el equipo. Ahora es busero. Qué habrá sido Bebeto. El Koeman de la Sagrada lleva toda la segunda vuelta destacando en la zona baja de Primera División. Un Koeman renovado y renacido, sin coartada ni causa aparente pero sí mucho efecto. Un Koeman tal vez despojado de sí mismo. 2015, nuevo Bergantiños con ziritione. Un Bergantiños adaptado al medio, curtido en el barro y evolucionado en la selva. La jungla nos ha hecho guapos, inteligentes, que cantaba el Mucho Mu post 7N7C en ‘Barro y Fuego’.

Qué habrá sido de Bebeto, de Romario, de Schuster. No ves nada cuando eres niño. Cuando se juntaban en la pista verde del Sagrada, los chavales querían ser Romario, y no Koeman. “Cómo burla el Roma”, recuerdo que me decía Ambroa pequeño cuando el tipo la tocaba. A los chavales nos gustaba cómo jugaba Romario. Y a las chavalas. Sobre todo a las chavalas. Quién sabe dónde está Romario, si ya por fin lejos del barrio o todavía en un verano del 98. Sabemos dónde está Bergantiños, el tipo que no, no, no, no iba a llegar, pero sus cojones lo convencieron de lo contrario. Veintitantos años después, aún debe sorprenderse cada mañana frente el espejo cuando esos dos balones sobresalen del marco. A Bergantiños se le conoce. Los cojones de Bergantiños se idolatran.

“Máis non lle se pode pedir”, me dijo el mes pasado un profesor que tuvimos en común. Las frases, casi siempre, cuando más cortas y sencillas, cuanto más directas, más acertadas. Y el futbolísticamente manido no-se-le-puede-pedir-más es un axioma irrefutable en Bergantiños. ¿Qué más le vas a pedir a Bergantiños? ¿Con qué cojones podría uno llegar a la cara de Bergantiños y recriminarle alguna cosa? ¿Cómo alguien sería capaz de enfrentar el rostro del rubio con un “eh, eh, eh, tú, esto y lo otro, y aquello”? Pero, aún con todo, al vikingo de La Sagrada todavía le quedaba algo más que dar. Algo que no nadie sabe qué es, ni de dónde saca. El ziritione. Qué sabe nadie. Porque últimamente se traviste de Pirlo entre ataque y ataque, se echa la colonia de Valerón en el descanso o se pone la de Donato por debajo. Y entretanto, le da tiempo a convertir todos los choques en el The Pretender de los Foo Fighters. Y a veces, como en Almería, uno cree ver en él al Major Tom de Bowie elevándose por encima de todo, de todos, comandando su nave calmado y sobrevolando el desierto. This is Major Tom to ground control. I’m stepping through the door. And I’m floating. In a most peculiar way. And the stars look very different today.

Los cojones y el barrio de Bergantiños. Tesón y perseverancia blanquiazul. Un tipo que salió, recto y obstinado, respetuoso y combativo, porque un día decidió que eso es lo que iba a hacer. “Máis non se lle pode pedir”. Pero aunque pueda parecer lo contrario, se tiende a cargar contra el que todo lo da, todo y un poquito más, al que más no se le puede pedir. Oiga, no, critique usted a quien lo pone, o a quien confecciona la plantilla. Pero no sabemos. O no queremos saber. O nadie nos enseña.

Y así la gente carga en Bergantiños. Mi amigo Alfonso es un tipo normal. Perdón. Mi amigo Alfonso parece un tipo normal. De hecho, si hubiese un concurso de riquiños, con jueces imparciales que no conociesen a los participantes, con casi total seguridad lo ganaría de calle. En realidad es un cantamañanas, un canalla de urbanización pija. Lo queremos, de hecho, más por cantamañanas que por riquiño. Pero es un tipo que odia a Bergantiños. Lo odia. Es así. Visceralmente. No lo traga. No lo soporta. Le duele verlo sobre el terreno de juego. Lo conocéis a Alfonso. Seguro que alguna vez habéis sufrido sus opiniones futbolísticas en la radio o en el podcast de Riazor.org -podría ser peor: podrías tener que sufrirlo cualquier sábado noche-. Alfonso, que no traga a Bergantiños porque alguna vez le debieron picar las Etnies en La Sagrada, llevaba desde septiembre atizándole a Bergantiños. Y el año pasado. Y al anterior. Que si nivel de Primera y no sé qué hostias.

Núñez, Alfonso, riquiño de campeonato y canalla de urbanización pija, lleva desde enero recibiendo guantazos. Uno tras otro. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Cada vez más fuerte. Cada uno más merecido que el anterior. Se les dan en Coruña y las oye Borjita en Aranjuez. Las de Bergantiños mallando en Alfonso son de las imágenes más bonitas del año. Contra el Eibar, Bergantiños subió a Pabellón Superior en el descanso y le soltó una bofetada que lo dejó trabado entre pipa y grito. No sé qué sábado, un Bergantiños recién duchado llegó al Sieiro y le cargó una colleja al pequeño y bebedor Alfonso. Incluso después de cada partido fuera de casa, Bergantiños coge un taxi directo al portal de Alfonso, le timbra y cuando éste abre, ¡zas! Hostia que te crió.

Alfonso, que aún cantamañanas es noble, encaja. Encaja y reconoce. Y es ventajista porque ha sido conquistado. Como toda aquella mesa. Como yo. Como vosotros. Conquistados y ventajistas. Por un tipo y sus colgantes atributos. Porque es Koeman. Porque es del barrio. Porque corre por todos los barrios. Porque es el Deportivo. Y porque aunque más no se le podía pedir, algo nuevo ha sacado. Dejémonos llevar. Disfrutemos. Nuevo AB4. Ahora con Ziritione.

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