La marca Red Bull ha calado en la sociedad gracias a la que un día fue una idea de refresco innovador y a una campaña de marketing con muchos y efectivos tentáculos. No es la bebida más buena, ni la más estética, ni la más sabrosa. Pero es una bebida que ha sabido hacerse un hueco en la mente del consumidor asociada a elementos como la energía, la vitalidad o el vigor.
Algo parecido le pasa a Osasuna Promesas. El filial rojillo no es el equipo más fiable, ni el más competitivo. En ocasiones tampoco el más estético ni el que más calidad destila. Pero es un conjunto que irradia energía. Desarrollado a través de un evidente paralelismo con su primer equipo, la escuadra dirigida por Santi Castillejo es puro ritmo. Un equipo exuberante cuando toca que sobre todo cuando va al ataque, se transforma en una manada de toros roj(os)illos.
Precisamente por ese carácter, un delantero como Max Svensson encaja como anillo al dedo en este segundo equipo osasunista. El catalán regresa a Riazor con un papel de ‘Max Power’ todavía más potenciado que aquel que tenía en el Deportivo el pasado curso. Porque el delantero es uno de los encargados de envestir una y otra vez al rival. Bien sea partiendo desde la banda derecha, bien sea jugando como ariete, Svensson es una de las grandes amenazas de un Osasuna Promesas que ofrece un dato que resume ese juego vertical: es el equipo del Grupo 1 de Primera Federación que menos pases promedia, con solo 261,3 por cada 90 minutos.

Pese a ello, no se podría decir que el filial osasunista es un equipo defensivo. Más bien al contrario. De hecho, solo Celta Fortuna, Barça Atlètic y Real Unión han logrado materializar más tantos que Osasuna Promesas (16), que marca a través de repartir mucho sus anotadores y llegar, llegar y llegar. No en vano, es uno de los conjuntos que más dispara (11,3 chuts), aunque eso no equivale que sea de los que más goles esperados (xG) promedie. ¿Por qué? Porque lo suyo es pura cuestión de insistencia.
Max Svensson, el paradigma de Osasuna Promesas
Precisamente por eso decimos que Svensson es el paradigma de Osasuna. El delantero de ascendencia sueca ha marcado tan solo 2 dianas en lo que va de curso, aunque solo Alfon (Celta) y Escobar (Real Unión) rematan más que él en esta ‘conferencia norte’. ¿Quiere decir que está fallando goles? Evidentemente, está teniendo un acierto por debajo de lo esperado. Pero tampoco es que haya errado ocasiones clarísimas de manera constante.
A mayores, esa hiperactividad que le hace aparecer desde cualquier lado y rematar en cualquier tipo de circunstancia permite que Svensson sea muy protagonista también a la hora de habilitar al resto. El exdeportivista ya ha otorgado más de 20 asistencias a disparo de un compañero. Producir por volumen. Como hacía en el Deportivo. Como hace este Osasuna Promesas.
Y es que amparado en su 4-2-3-1 o 4-4-2, la escuadra de Castillejo no tiene reparo alguno en jugar en largo si le toca atacar de manera posicional. Ya cuando progresa, la movilidad y el juego por bandas son sus señas. Aunque, sin duda alguna, donde sobresale es en la transición ofensiva. Uno roba y la manada corre en estampida.
Así, sus centrocampistas están, sí. Pero para contener y llegar. Precisamente por eso no extraña que su segundo máximo goleador sea el pivote Eneko Aguilar (3 dianas). A su lado puede que juegue Osambela, aunque en ocasiones, el ‘8’ es más mediapunta, lo que hace que ese segundo pivote baile más, ya sin Iker Muñoz, asentado en el primer equipo, y con otra promesa como Xabi Huarte recuperándose de una lesión de cruzado.
En esa faceta del gol en la que Aguilar ha sumado, está destacando el extremo Ander Yoldi. Parte desde la izquierda, pero es un diestro potente y talludo -¿cómo no iba a ser así en este Promesas?- con habilidad para encarar y superar al rival arrancando y un gran disparo. Él es uno de los líderes del equipo, ya con la categoría de sub23 rebasada por unos meses, al igual que Aguilar, el lateral Guillem Molina -fichado del Sabadell- o el punta rematador Jorge Aguirre -llegado de Zubieta-.
No tiene problema alguno Osasuna por incorporar piezas puntuales para reforzar un filial con mucha variabilidad en cuanto a nombres, eje de la defensa y portería incluidas. Ahí, el capitán Ibaider Garriz parece indiscutible como central -aunque ha jugado de pivote-, pero su pareja ha bailado entre un Jorge Moreno con errores aéreos evidentes pese a firmar algún tramo sobresaliente en el Córdoba el curso pasado que le valió su fichaje por el Rayo y el griego Nikolaos Michelis, criado en la cantera del Milan. Bajo palos, el también heleno Dimitrios Stamatakis parece haberle ganado la partida a Pablo Valencia.
No es la zaga la línea más fuerte de este Osasuna Promesas. Porque aunque gran parte de su inconsistencia se achaca al colectivo, evidentemente los errores individuales le están haciendo daño. De hecho, en esa línea, a quien más potencial se le atisba es un Adama Boiro que desde el lateral izquierdo es un futbolista capaz de salir en conducción por habilidad, asociarse y servir grandes balones con su golpeo.
Todas estas cualidades tienen en común una característica ofensiva para un Osasuna Promesas valiente, que presiona alto de primeras y busca mirar siempre hacia arriba. Luego, puede que se desboque hasta patinar o puede que cornee. Pero sucederá así porque no renuncia a su condición de zezengorri. No podía ser menos en una Pamplona con gran vinculación vasca. No podía ser menos en una Pamplona que tiene al toro como gran seña de identidad.