Tres grandes sombras y lágrimas de felicidad

La cara de Constantino Fernández (A Coruña, 1966) en el minuto 80 de partido era un reflejo de la cara de muchos deportivistas que estaban sufriendo por su equipo en la última jornada de Liga. Era incapaz de impedir que las lágrimas le cayesen por la cara. El máximo mandatario del Deportivo no aguantó la emoción y rompió a llorar en el palco del Camp Nou. Incluso el presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, intentó calmarlo como quien calma a su hijo después de que su hermano mayor le hubiese dado una bofetada.

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Había sido una temporada convulsa tanto dentro como fuera de los terrenos de juego para Tino Fernández. Un curso con varios fallos y el principal acierto de continuar un año más en Primera División. Él siempre dijo que era “resultadista” y el objetivo, al fin y al cabo, está logrado.

En el aspecto social la bomba estalló tras las decisiones que tomó (seguramente influenciado) después de la muerte del hincha deportivista asesinado en Madrid Río. La animadversión que le sentía cierta parte de la grada desde que relevó del cargo a Augusto César Lendoiro se hizo cada vez más palpable y los cánticos en su contra se repetían casi cada jornada en Riazor. Aguantó la tirada y varias semanas después se vio en la obligación de salir a la palestra a pedir perdón por no haber defendido en su momento a los suyos. Fue ésa la principal sombra del Consejo en este curso ya finalizado, pero no la única.

Fdo-Vidal

La planificación de la plantilla no salió como se esperaba y el nivel de algunos de los fichajes del Deportivo fue deplorable. Y por no hablar de aquellas incorporaciones que ni siquiera debutaron, como es el caso de Borja López, o que lo hicieron a cuentagotas, como Hélder Postiga, Diakité o Hélder Costa. Se tuvo que acudir al mercado de invierno y se enmendaron algunos errores, Celso Borges y Oriol Riera rindieron a un buen nivel en los partidos decisivos.

El tercer nubarrón del Consejo de Administración en este curso fue haber tardado tanto en despedir a Víctor Fernández cuando era evidente que las cosas no funcionaban. Esperaron hasta la jornada 31, con ocho partidos por delante y un calendario estremecedor. Con su relevo, no obstante, Tino acertó de pleno. Un técnico joven, carismático y enraizado a la ciudad y la afición. Y además con ángel.

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Dani Méndez